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En el sistema inmunitario, las barreras de defensa se clasifican en primarias, secundarias y terciarias. Las barreras primarias son la primera línea de defensa y están compuestas por la piel, las mucosas y las secreciones como el sudor, la saliva y el jugo gástrico, que impiden la entrada de patógenos. Si los patógenos logran superar estas barreras, entran en juego las barreras secundarias, que incluyen la respuesta inflamatoria, la fiebre y la acción de células como los macrófagos y neutrófilos, que fagocitan a los invasores. Finalmente, si los patógenos persisten, se activan las barreras terciarias, donde entran en acción los linfocitos T y B, que desarrollan una respuesta específica contra el patógeno mediante la producción de anticuerpos.
